
¿Por qué sometemos a nuestros calentadores de baño a un “baño de vapor” infernal?
Seamos honestos: los baños son un verdadero infierno para los dispositivos electrónicos. Hay vapor denso, salpicaduras directas del chorro de agua, y cambios bruscos de temperatura en cuestión de segundos. Es, básicamente, la combinación perfecta para causar cortocircuitos.
Nuestros calentadores infrarrojos están fabricados según estándares IP66. En teoría, eso significa que están completamente sellados contra el polvo y el agua. Pero aquí está el problema: un sello que funciona desde el primer día no necesariamente seguirá funcionando después de 1,000 días de uso.
El problema de la “respiración” del calentador
Lo que realmente sucede dentro del calentador es lo siguiente: cuando lo encendemos, el aire dentro del dispositivo se calienta y se expande. Cuando lo apagamos, el aire se enfría y se contrae. Es como si el calentador estuviera “respirando”. Cada vez que “inhala”, permite que pequeñas cantidades de aire húmedo pasen por las juntas. Cuando esa humedad llega a los cables o a los terminales de la lámpara, todo se vuelve problemático. Se produce oxidación, lo que genera resistencia y, a su vez, sobrecalentamiento. Al final, la conexión se daña. Y nadie quiere que su calentador deje de funcionar en medio de una mañana helada de enero.
Cómo los probamos realmente
No nos limitamos a rociarlos con agua con un manguera y listo. Eso sería demasiado fácil. En lugar de eso, colocamos grupos enteros de calentadores en cámaras de alta humedad. Aumentamos la temperatura y la humedad durante días seguidos, para simular años de uso real. Buscamos fallos en las juntas, puntos de contacto oxidados o aislamiento defectuoso. Si algo falla, queremos que eso ocurra en nuestro laboratorio, no en su ducha.
El equilibrio difícil
Existe un equilibrio delicado aquí. Para lograr la clasificación IP66, debemos sellar el dispositivo de manera muy estricta. Pero cuando se confina todo ese aire adentro, el calor no tiene dónde ir. Los componentes internos se calientan mucho más de lo normal en un calentador común. Para evitar que el dispositivo se dañe, utilizamos cables resistentes a altas temperaturas y aislantes reforzados. Es un poco más trabajo por nuestra parte, pero así usted puede tomar una ducha caliente sin preocuparse por si su calentador deja de funcionar.